Ningún profesional puede hacer que la administración resuelva antes. Los plazos dependen de la oficina, de su carga de trabajo y del tipo de procedimiento. Quien te prometa una fecha te está vendiendo algo que no controla.
Lo que sí cambia es otra cosa: que el expediente no vuelva atrás. Un requerimiento por un documento que faltaba, una traducción sin jurar o un certificado caducado suma semanas o meses. Un expediente completo y revisado entra una vez y no hay que perseguirlo.
Por eso en Siglo 21 no hablamos de plazos y sí de documentación. Antes de presentar nada, revisamos cada papel, comprobamos que está vigente y que dice lo que la administración espera leer.
Si alguien te ha prometido tus papeles para una fecha, pregúntale una sola cosa: ¿de qué depende esa fecha? Si la respuesta no es «de la administración», desconfía.



